jueves, 24 de mayo de 2012

Sentirse deseada


Recién oído en el mercadillo:
"El marido de mi vecina el chumino no me lo ha visto, pero el color de la braga sí sabe cómo es".
¿Ves, cariño, qué bien hicimos en comprarnos la secadora?

Lo he escrito esta mañana en el muro de facebook.
Si de algo puede presumir una es de salir siempre de casa con la caña dispuesta a pescar retales de realidad.
Después del delicioso ejercicio de echarse unas risas en la red social, me he dedicado a la cocina, porque el reloj así lo ordenaba. Y allí, como en la ducha, siempre se me dispara la imaginación (lugares muy bien indicados, ambos, para inspirarse y sufrir accidentes domésticos). Me he puesto a pensar en la autora de la frase, casi tan entrada en años de matrimonio como en los de la vida. La imaginé recién llegada de la peluquería, con el corte de pelo y el tinte retocados. Apenas un ligero cambio, y aun así, esperaba que el marido se detuviera a mirarla.
¡Qué demonios! También ella se olvidó de mirarlo antes de que los hijos los dejaran solos de nuevo.
Abandona el bolso y la rebeca de punto sobre la cama, se pone las zapatillas ¾nunca ha sabido estar en casa con zapatos, aunque no sean de tacón¾, y se va a la galería. La lavadora con ropa delicada ha terminado de centrifugar. Tender la ropa, esa ropa, es una de sus actividades favoritas. Aprendió a hacerlo con esmero siendo adolescente. Ahora sale al patio de luz y cuelga en la primera cuerda las braguitas de algodón de cuello alto, las de tejido que no irritan la piel más íntima, procurando esconderlas tras los pijamas y los camisones. Pero en la última cuerda del tendedero, donde las prendas quedan expuestas a los ojos de los vecinos, sujeta con pinzas el delicado conjunto de blonda en tono gris perla. Y suspira hondo. Quizás el marido de la vecina está a punto de salir a la ventanita a fumar el cigarrillo. Puede que la haya visto tras el visillo, que se haya quedado a la espera de que termine, observándola en la tarea. ¿Quién sabe si el mirón se atreve a imaginarla con las braguitas, el sujetador y un collar de perlas, como se ve ella misma en sus fantasías? ¿Y por qué no?
Imaginarse deseada. ¿Quién puede quitarle eso? Nadie. Nadie puede robarnos nuestras fantasías.





viernes, 11 de mayo de 2012

Nadie es adivino




“LILA:
Utiliza el lienzo entero. Empieza por arriba y ve hacia abajo. Trazos suaves, ligeros. ¡Perfecto! ¡Impresionante!
Ahora prueba con trazos más largos. ¡Perfecto! (casi en un desmayo). ¡Oh, Dios, oh, oh!
DEXTER:
Sabes lo que quieres, ¿verdad?
LILA:
¿Te ha molestado? A muchos les molesta.
DEXTER:
No. Los manuales de instrucciones me parecen muy útiles.
LILA:
Bien. Tu turno. ¿Qué es lo que quieres?”

La escena pertenece a un episodio de la serie Dexter.
Llama la atención la seguridad con que Lila guía al chico, sin dejar de ser sensual y el modo en que él se deja guiar.
Me gustaría entender por qué es tan difícil para la mujeres pedir lo que desean y para muchos hombres, como dice Lila, aceptar algunas instrucciones sin sentirse heridos o inseguros.
Claro que es imposible guiar al otro si ni siquiera tú conoces el territorio. Por ello, el primer paso es explorarse y conocerse. Y el segundo, aprender a pedírselo al otro, en lugar de esperar a que se convierta en adivino.
La escena es mucho más creíble que la de chico y chica sufren un flechazo y todo sale bien a la primera, sin necesidad de más explicaciones. Y aunque se acerque más a lo que debería ser, no se pierde la magia del momento ni deja de ser excitante y divertido. 
De modo que tomemos nota de Lila. Pregúntate, pregúntale: ¿Qué es lo que quieres?

martes, 21 de febrero de 2012


Este es un libro para todos aquellos que deseen conocer mejor su sexualidad, para quienes quieran explorar sus propios deseos y auténticas necesidades, para aquellos que se propongan deshacerse de prejuicios y falsos mitos, de conductas estereotipadas e ideas preconcebidas, de patrones masculinos o femeninos, de miedos y obsesiones que aprisionan nuestra mente y nuestro cuerpo.
Este es un libro para todas aquellas personas a quienes no les basta con practicar sexo, sino que desean tener una vida sexual plena, libre y feliz. ¿De qué otro modo se puede entender la inteligencia sexual?
Conocerse a uno mismo implica emprender una larga travesía, que quizás no acabe nunca ¾¡qué bien!¾, porque el ser humano cambia según las circunstancias vitales en las que se halla, como también cambia su sexualidad.
Vivimos bajo una continua avalancha de informaciones sobre sexo que no siempre son fiables. La persona sexualmente inteligente se quita de encima la pereza, indaga para saber más de la sexualidad, busca en su propio interior y tiene el coraje de relacionarse con sus parejas sexuales reconociendo que todos somos novatos al rozar otra piel por vez primera.
La inteligencia sexual no es algo con lo que se nazca o no. Se desarrolla y se alimenta siempre que nos hagamos responsables de ella. ¿Puede existir un ejercicio más placentero?

jueves, 24 de noviembre de 2011


Este libro está dirigido a las parejas estables, independientemente de que hayan formalizado el lazo de unión con un casamiento o no. Incluso cuando utilizo palabras como matrimonio, cónyuges, relación conyugal o casados, estaré refiriéndome a personas que mantienen un vínculo duradero de compromiso.
Es evidente que los conflictos sexuales son, en muchos casos, los síntomas de otros problemas en la relación, mucho más complejos y profundos, tan particulares que son imposibles de tratar en las páginas de un manual práctico. Ni en este ni en ningún otro libro encontrarán suficiente ayuda quienes se enfrentan a situaciones de lucha por el poder, de juegos de manipulación, de trastornos de personalidad o de acoso moral. Es recomendable, entonces, la intervención profesional de los excelentes especialistas en terapia de pareja que existen en nuestro país.
están escritas estas páginas para aquellos que recuerdan con nostalgia el entusiasmo del comienzo, para los que disfrutan de una fabulosa relación de compañerismo y amistad pero desearían convertirse, además, en amantes, para los que se han casando de esperar a que el deseo reaparezca de manera espontánea, para los que echan de menos el misterio.
están escritas para quienes iniciaron una relación cálida e íntima y temen que algo está dejando de funcionar, que está llegando el frío, que se sienten distantes y no quieren tirar por la borda el vínculo afectivo de atracción física que había entre ellos.
están escritas para quienes tienen buen sexo y quieren que, además, salten chispas.
están escritas para quienes una vez se sedujeron el uno al otro, construyeron un proyecto vital y conservan la ilusión de seducirse de nuevo.
Este libro no es un manual de posturas y zonas erógenas. Siento defraudarte, si es lo que esperabas. Este libro va de lo que ocurre, de lo que debería ocurrir antes de eso. Va sobre el deseo y su recuperación, de volver a tener sed del otro. Está escrito para los que quieren que ocurra, sin recetas mágicas, desde la voluntad de encontrar las propias, las tuyas.
No existe un mapa del tesoro de Eros, cada cual tiene que dibujar el suyo, elaborar sus propias fórmulas, encontrar los aderezos adecuados para avivar la llama cuando el estrés, la aparición de los hijos y las agendas ocupadas alejan el erotismo del nido amoroso. Quizás unas gotas de riesgo, una pizca de trasgresión, un toque de locura y mucho juego. Dicen que cuando se reconoce la situación y se está dispuesto a enmendarla, ya se ha alcanzado la mitad del camino. O como decía Einstein: “La formulación de un problema es más importante que la solución”.
Yo sigo buscando respuestas.

viernes, 11 de noviembre de 2011


Pasadas ya las 11 y 11, en el día 11 del 11 de 2011, no solo no se ha acabado el mundo, sino que he recibido esta caja llena de besos, de caricias, de cariño, de amor y de deseo.
Amor y sexo, al fin, reunidos en un libro. Sedúceme otra vez me ha permitido despojarme de pudores (porque ahora que hemos perdido la vergüenza para hablar de sexualidad, nos da reparo referirnos a sentimientos amorosos) y hablar de amor con sexo y de sexo con amor. Que sí, que las mujeres hemos necesitado separarlos, demostrarnos a nosotras mismas que podemos dejar los afectos en la salita de nuestra casa y escapar en busca del placer sin esperar un mañana, que, por más tonto que les parezca a algunos, con ello ganábamos un pedacito de libertad que nos habían vetado.
Pero, después de las muchas páginas escritas en conquista de ese territorio, reunir amor y sexo me apetecía tanto. Tanto.

viernes, 15 de julio de 2011

No sólo de sexo viven ellos



Lo conté ayer en un programa de televisión: uno de los aspectos de la sexualidad de los testimonios que he reunido hasta el momento es que entre hombres y mujeres son más las semejanzas que nos unen que las diferencias que nos separan. Puede que siempre haya sido así, que sintamos y pensemos de modo similar o que las diferencias dependan de las personas y no de una cuestión de género. O bien, que tras rebelarnos contra los patrones culturales a los que nos han obligado a ajustarnos, hayamos logrados acercarnos los unos a las otras. Así es como los hombres comienzan a degustar un sexo menos centrado en el coito y demandan que haya más tiempo, más creatividad, más imaginación.
Después de participar en el programa, me encuentro esta mañana con que se ha publicado un estudio del Instituto Kinsey que corrobora esta conclusión:
En una relación a largo plazo, las demostraciones de afecto, como los abrazos y arrumacos, son tan importantes o más para los hombres que para las mujeres.
La investigación ha sido llevada a cabo entre parejas que llevan una media de 25 años unidas, en cinco países (Estados Unidos, Brasil, España, Alemania y Japón), y demuestra una vez más cómo se equivocan los estereotipos y las creencias erróneas que hemos heredado de la tradición cultural. La directora del estudio, Julia Heiman, ha reconocido su sorpresa al averiguar que los hombres se sienten más felices si en sus relaciones abundan las carantoñas fuera de la cama y no forman parte únicamente de unos juegos preliminares.

viernes, 23 de abril de 2010

SEX CONFIDENTIAL. LOS SECRETOS DE LA FELICIDAD SEXUAL


En mayo de 2008, una asambleísta por el partido del Gobierno ecuatoriano, María Soledad Vela, propuso que el derecho de las mujeres a la felicidad sexual fuera garantizado por la Carta Magna del país.
Algunos miembros masculinos reaccionaron tachando la propuesta de ridícula. ¿Acaso pretendía decretar los orgasmos por ley? La diputada María Soledad Vela aclaró que sencillamente demandaba el derecho a estar bien informadas acerca de su vida sexual y a disfrutar de las relaciones sexuales en una sociedad libre, justa y más abierta, puesto que en su país las mujeres han sido vistas tradicionalmente como meros objetos sexuales o como la responsable de la crianza de los niños.
Quizás, lo primero que se te haya ocurrido pensar es que nosotras, las que vivimos en un país más desarrollado, ya tenemos eso superado, que tanto las mujeres como los hombres sabemos y aceptamos que tenemos derecho al disfrute sexual, que él ya ha encontrado tu clítoris (¡enhorabuena!) y sabe cómo estimularlo (¡enhorabuena, otra vez!), que ya sabes cómo lograr tus orgasmos y que, a estas alturas, tienes asuntos más importantes que atender. Pero, dime, realmente:
¿Eres sexualmente feliz?
Ah, la felicidad, qué concepto tan difícil de definir y comprender. Quizás se trate tan sólo de un momento fugaz, tan duradero, precisamente, como un orgasmo.
Sin embargo, es posible que al leer la pregunta se haya removido algo en tu interior, que sepas que, en el fondo, no te sientes del todo satisfecha con lo que sucede en tu vida sexual, que, sencillamente, te conformas, como te conformas con el trabajo que tienes, con la vivienda que has podido costearte, con la forma en que te relacionas con tu familia. Además, ¿para qué vas a darle tanta importancia? ¡Si no es más que sexo! ¿Y qué es el sexo comparado con la creación de una familia o el crecimiento espiritual?
Bien, tienes derecho a darle un papel secundario, a colocar otras preocupaciones por delante. Pero, ¿sabes?, me parece que sería una lástima, porque a pesar de la complejidad de la sexualidad femenina, resultaría más sencillo conquistar la felicidad sexual que encontrar la casa que quieres, el empleo que mejor te va o el hombre ideal. Son muchísimas las situaciones que escapan a tu control y que te encantaría modificar: la lista de espera en los servicios sanitarios, la cola del súper, el tráfico denso cuando más prisa tienes, que a tu hijo le gustara estudiar... En cambio, tu sexualidad, la tuya propia, es algo sobre lo que tienes poder. Y entonces, ¿por qué vas a renunciar a esa faceta de tu vida, cuando tienes la solución al alcance de tu mano? Es así: depende de ti.
Si no te frena el miedo a reflexionar y a lo que puedas descubrir, ahí van unas cuantas cuestiones para colocar el termómetro a tu salud sexual:
¿Te cuesta mucho ponerte, aunque cuando te pones te lo pases bien?
¿Quieres a tu pareja, pero has perdido las ganas?
¿Te limitas a dejar que te hagan, aunque de vez en cuando reconoces que todo podría funcionar mejor si fueras más activa?
¿Te molesta que sólo te acaricie con el fin de que estés lubricada y dispuesta para la penetración?
¿Pruebas a hacer lo que te apetece o tienes miedo de lo que puedan pensar de ti?
¿Actúas como si el placer de él fuera más importante que el tuyo?
¿Reprimes tus fantasías sexuales porque te sientes sucia al contemplar las escenas que pasan por tu cabeza o crees que son síntoma de alguna patología?
De repente, en mitad de un polvo, ¿se te va la cabeza a otra parte que ni siquiera tiene algo que ver con el erotismo? ¿Te pasa con demasiada frecuencia?
¿Te angustias pensando en que tardas demasiado en llegar?
¿Te invade la tristeza después de masturbarte?
Bueno, ya está bien para una introducción. No pretendo que acabes exhausta antes de comenzar. Tan sólo intento que veas que con el sexo pasa lo mismo que con el resto de tu vida: tienes que conocerte. Y eso significa reflexionar, preguntarse, cuestionarse, porque las fórmulas mágicas o las recetas que valgan para todas no existen.
Muchas mujeres han cometido el error de confundir la libertad sexual con la adopción de un modelo masculino de sexualidad tradicional, sin comprender que también a ellos se les había impuesto un patrón de conducta determinado y que muchos no se sienten cómodos con él. Para ser realmente libre es necesario que cada cual encuentre el suyo propio y cambiarlo cuantas veces convenga, averiguar qué es lo que realmente le gusta y cómo disfrutar de los placeres carnales.
En estas páginas vas a encontrar información práctica sobre sexo, pero sobre todo es una radiografía de la sexualidad de las mujeres, tal como la viven actualmente: sus fantasías eróticas, las prácticas favoritas, algunos momentos de sus vidas sexuales, sus dudas y temores, los estímulos eróticos que más las seducen, sus complejos, las situaciones morbosas de las buscadoras de sensaciones fuertes…
¿Por qué las confidencias? Conocer cómo viven el sexo las demás nos tranquiliza y reconforta, nos ayuda a comprender que no estamos solas en el laberinto, a recobrar fuerzas, a afrontar nuestros retos con valentía. Los testimonios de otras mujeres nos liberan y autorizan a ser sexualmente activas. Las pinceladas eróticas de sus vidas sirven de estímulo para las lectoras y les permiten descubrir que no son tan raras como pensaban. Pero, desafortunadamente, las mujeres callan en exceso, temerosas del qué dirán.
“No tengo ningún reparo en hablar de mi sexualidad, aunque me resulta más fácil hablarlo con hombres que con mujeres; así, cuando tenía unos diecisiete años y hablaba con mis amigos varones de sexo, mis amigas decían por lo bajini que qué asco masturbarse. Siempre he tenido más filing con los chicos, ellas me parecían un poco hipócritas, aunque algunas se salvaban. Con estas experiencias de unas y otras fuimos aprendiendo, como podíamos, y no siempre de la forma más sana. Pero, bueno, intentaremos no repetirlo con nuestros hijos”. (33 años)
Lo que sueñan otras despierta el interés por el sexo, y es una herramienta terapéutica muy útil (se calcula que el 25% de las españolas sufre de inapetencia, frente a un 10% de hombres). Pero si no compartes las fantasías y preferencias de la mayoría, tampoco pasa nada.
También se aborda la sexualidad masculina teniendo en cuenta lo que las chicas quieren saber sobre el asunto, porque ellos también han sufrido una educación represora que marca la manera de relacionarse con el otro sexo, porque existen muchos tópicos falsos en torno a su sexualidad.
El sexo ha sido un tema candente en los últimos años. En programas de radio y televisión han hablado con sencillez y claridad a los jóvenes, les han dado la oportunidad de preguntar, de expresarse libremente, y encontrar respuesta a sus miedos y dudas, han despojado el sexo de los tabúes que reprimían la búsqueda de la satisfacción sin hacer daño a nadie. Las jóvenes se extrañan de que hubiera un tiempo en el que se creía que las mujeres no tenían fantasías sexuales, ni tampoco orgasmos, que solamente los hombres tenían ese tipo de necesidades, que jamás se hubieran tocado ni conocieran la existencia de su clítoris. Y así debía ser para nuestras abuelas si querían que las consideraran “decentes” y las escogieran para casarse y ser madres. Así de enorme es el abismo que nos separa de esas generaciones.
Pero queda aún mucho trabajo por hacer, para erradicar la culpabilidad que se siente ante el placer experimentado, para superar la frustración y el miedo a que las tachen de “chica mala”, desequilibrada o patológica, por buscar nuevas sensaciones que se apartan de los cánones sociales y el sexo convencional, prácticas que se consideran aberraciones. Para que deje de juzgarse con patrones diferentes la conducta sexual de hombres y mujeres. Quien desee conquistar el placer tiene que comenzar por el espacio de la imaginación, su jardín secreto, y lo que tiene más a mano: su cuerpo.
No hay baldosas amarillas que marquen el camino hacia la felicidad sexual. Como dijo el poeta, se hace camino al andar.