miércoles 1 de abril de 2009

Hazlo sin prisas


Me llama el jefe de redacción de una revista femenina: “¿Podrías escribir un artículo sobre el sexo lento?”. Y es que desde que me dio por recopilar las fantasías sexuales que tenemos los humanos de este país, todo dios me pide que hable del temita.
El asunto no es más que la teoría de la “desaceleración” aplicada al arte amatorio. ¿La qué teoría? Sí, lo de vivir con menos prisas, pisar el freno y deshacerse de las tensiones, un concepto creado por los norteamericanos Joe Domínguez y Vicky Robin, que llevan 20 años practicándolo. Si el dinero te quema en las manos (no suele pasar en estos tiempos), vives por encima de tus posibilidades (ha pasado en otros tiempos), compras de forma impulsiva (¿te acuerdas de aquellos tiempos?) y has perdido las ganas de entregarte a las delicias eróticas a causa del estrés (quizás es lo único que no ha cambiado aunque el estrés tenga otras causas), puede que haya llegado la hora de replantearte tu estilo de vida.
¿Por dónde empezar? En ciudades metropolitanas como ésta en la que vivo la cosa presenta más dificultades. Hemos crecido sin espacios, apretándonos cada vez más y el roce no siempre hace el cariño. Pero como dice Laura Herrojo, mi profesora de yoga, “la queja nos roba energías que podríamos emplear para encontrar soluciones”. Le hago caso y lanzo la careta de víctima por el retrete. Y ahora vamos a por las estrategias para recuperar la calma:
La búsqueda de un horario flexible, que se acomode a las necesidades personales y familiares sería una posibilidad. No está al alcance de todos, es cierto, pero vale la pena planteárselo. Sin olvidar la filosofía del desarrollo sostenible (hay que cuidar los pocos recursos que tenemos) y mostrar una actitud cívica. El cuidado del entorno también es responsabilidad de cada uno de los que vivimos en él.
¿Más cosas? Aprovechar lo que la ciudad, o mejor aún, nuestro propio barrio nos ofrece para realizar compras o hacer uso de los servicios que necesitamos, en lugar de trasladarnos y perder el tiempo en transportes públicos o transformarnos en el increíble Hulk porque hemos tenido la brillante idea de coger el coche a las seis de la tarde.
Y que no falte el cuidado de nuestro físico, por supuesto. No para parecer top models, no. Me refiero a encontrarse mejor dentro de este cuerpo al que le exigimos demasiado y maltratamos tanto. Valen desde las técnicas orientales (taichí, yoga, meditación…) hasta los ejercicios gimnásticos más rítmicos, pasando por los bailes de salón o estimulantes paseos hasta algún lugar con interés histórico de nuestra ciudad. Cada cual tiene que encontrar sus propias recetas para ganar en calidad de vida… y satisfacción erótica.

lunes 10 de noviembre de 2008

Estupideces para chicas


Según la revista Qué leer, en su número de octubre, eso es lo que escribimos algunas, estupideces para chicas.
Escribo este post a modo de respuesta, no por la ofensa a una servidora (aunque a mí no me menciona puesto que la novela Como la seda aún no estaba en la calle), sino a sus lectoras, a quienes también llama en la portada “mujeres sofisticadas”.

He de reconocer que estoy de acuerdo con algunos aspectos del reportaje, pero, en general, sospecho que se critica un género del que sólo se conoce lo que la autora del mismo ha encontrado en el Google. Y digo esto, porque lo que explica de una de las obras chick-lit, Sexo en Nueva York, hace referencia a la serie y no al libro. También menciona los artículos que Candace Bushnell escribía en el diario…, y de eso no tengo la menor idea. Pero lo que aparece en la obra en papel aquí publicada apenas tiene que ver ni con el producto televisivo, ni con lo que asegura la revista que se relataba en el periódico. El libro Sexo en Nueva York es un retrato sórdido, frío, hasta desagradable de la sociedad soltera neoyorquina, y por eso mismo no ha tenido éxito editorial en este país. Ni siquiera es una novela.
Personalmente, la serie no me encandiló y el final me pareció de lo más decepcionante. Pero es que la revista se llama Qué leer, y no Qué ver.
Otro preocupante error es el retrato que hace de las protagonistas tanto de esta como de otras obras: independientes que están deseando dejar de serlo, en busca de un príncipe azul. ¿? Confieso que no he perdido la cabeza por leerme todo lo publicado dentro de este género, pero no conozco ninguno de estos personajes femeninos que desee perder su independencia económica. Al contrario, una de las grandes preocupaciones de la mujer urbana, supuestamente moderna, que retratamos en estas historias, es su dependencia emocional y cómo independizarse de ella.
Y no es un invento. Puedo presentar un amplio porcentaje de testimonios de veinteañeras y treinteañeras que escriben para Dímelo al oído que confiesan colgarse siempre del cabroncete de turno.
Y esto nos conduce a uno de los títulos principales de la literatura chick-lit, que muchos mencionan como precursora, aunque creo que las raíces del género se hayan muchísimo más lejos (aquí, Carmen Rico-Godoy y Lucía Etxebarría, por poner un par de ejemplos, se habían adelantado, y en el mundo anglosajón también lo había hecho la guionista de Cuando a Harry encontró a Sally, Nora Ephron), El diario de Bridget Jones. Su autora Helen Fielding confesó inspirarse en la obra de Jane Austen, Orgullo y Prejuicio, ante lo que la articulista se lleva las manos a la cabeza, asegurando que la escritora decimonónica era una defensora de la soltería. No sé si Austen murió soltera porque quiso, porque no pudo casarse, porque no conoció hombre del que enamorarse o porque no fue correspondida. No conozco su biografía, pero sí la novela, y ciertamente existen muchas similitudes entre ambas obras: las dos autoras elaboran una crítica mordaz (no tanto como la hubiese hecho Oscar Wilde, por supuesto, que puso el listón demasiado alto) a una sociedad que presiona a las mujeres para que contraigan matrimonio, especialmente contra las madres casaderas. Las heroínas de una y otra tienen una postura muy diferente, desde luego, pero si tanto defendía Austen la soltería, ¿cómo es que acaba casando a la protagonista de su historia? Lo que las mujeres buscan en estas obras es un hombre que las quiera tal como son y las trate de igual a igual, y para encontrarlo tienen que enfrentarse, para empezar, a sí mismas.
Otro aspecto que se trata en ambas obras es lo que en psicología se llama “efecto halo”. Ambas protagonistas se convencen al comienzo de la narración de que un personaje masculino es de una manera determinada por creer en una falsa primera impresión. Lizzy oye de Darsy un comentario inoportuno por el que le etiqueta de orgulloso y arrogante. A Bridget le confunde un ridículo jersey. No sé si la periodista de Qué leer leyó la novela o simplemente vio la película. Tengo que advertirle, por si acaso, que entre una y otra media un abismo (me refiero a Bridget Jones, de la otra no he visto la versión cinematográfica).
Y llegamos a la reina del chick-lit, Marian Keyes, autora, entre otras obras, de una saga sobre las hermanas Walsh, a quienes la articulista tilda de “superficiales” y se queda tan ancha. Como me estoy extendiendo más de lo que un post requiere, me limito a la primera novela de Keyes, Claire se queda sola, la historia de una mujer que es abandonada por su marido el mismo día que a da a luz a su hija y se refugia en casa de su familia. En más de 300 páginas se describe la caída en una depresión hasta tocar fondo e iniciar la superación.
Por lo visto, para practicar el humor sin dejar de ser “profunda” hay que hablar del melenón de Aznar o de los tirantes de Pedro J. Ni se te ocurra caer en el asunto del consumo compulsivo, una de las terribles drogas de nuestro pequeño mundo globalizador y globalizado. Que pregunten por los datos que se recogen al respecto en las consultas de los psicólogos quienes lo pongan en duda. O los trastornos alimenticios. O sí, la bulimia, la anorexia, la dictadura de la imagen… son temas muy superficiales.
¿Que nos echamos unas risas? Sólo faltaba que alguien nos lo impidiera.
Le toca el turno a la mención que hace el artículo de madame Bobary. Muy señora mía, creo que madame Bobary (personaje solitario y sólo concebible en ese tiempo) se tomaría de nuevo el cianuro, si comprobara que en los albores del siglo XXI algunos caballeros de talento, como Ingmar Bergman, aún interpretan la infidelidad femenina como un camino inexorable hacia la tragedia familiar. Si, por el contrario, se hubiera encontrado con unas cuantas amigas a las que contar sus escarceos mientras toman helado o preparan sushi, seguramente habría tomado otra decisión.
Quiero acabar con una confesión: no tenía ni idea de que existiera un género que se había bautizado como chick-lit hasta que varias personas comentaron que ése era mi estilo. Deduje, por tanto, que mis trabajos son producto de una época, del momento que vivimos una generación de mujeres en las grandes ciudades de Occidente, que posiblemente sea eso lo que haya sucedido con la mayoría de los títulos publicados por otras autoras y que, al comprobar el éxito en el mercado, las editoriales pidieran por encargo obras de similares características. Lo mismo ha sucedido con la novela histórica, los libros de testimonios y la autoayuda, que arrasaron antes de convertirse en productos de fabricación en serie, entre los que hay mejores, peores y completa basura, qué duda cabe. Pero en lo que respecta a la literatura, unas cuantas manzanas podridas no van a pudrir todo el cesto.

sábado 4 de octubre de 2008

Como la seda


El título de este post es la razón por la que no he escrito nada en el blog desde hace algo más de un año. Se trata de la primera novela que publico y que saldrá a la calle dentro de unos días.

Sé que no es excusa para otros escritores que, con capacidad productiva más febril que la mía, cuidan sus blogs en vez de dejarlos abandonados como he hecho yo. Pero en mi caso, es lo que hay.

¿De qué va Como la seda? Mi editora Raquel, de Temas de Hoy, pensó en la frase que figura en la portada:

UNA NOVELA SOBRE MUJERES QUE SIEMPRE ESCUCHAN Y HOMBRES QUE NUNCA REACCIONAN

Por la reacción de las mujeres que lo ven, parece que tenía razón, enseguida se sienten identificadas. Pero para aquellas que quieran saber algo más, os invito a visitar el blog http://comolaseda.blogspot.com/
Hasta la próxima

viernes 31 de agosto de 2007

Sexo, juguetes y polémica


Con motivo de la publicación en este mes de septiembre de Mujeres, juguetes y confidencias, apareció un artículo en El País Semanal hará un par de semanas, en el que la autora, Eva Moreno, explica de qué va el libro. Me lo sé bien porque he tenido el placer de colaborar en esas páginas.
El caso es que a la vuelta de las vacaciones me da por echar un vistazo para ver la repercusión que ha tenido y ésta ha sido la de siempre. El autor de un blog que se confiesa creyente católico ha saltado enseguida con los comentarios que Eva escucha desde que montó su tienda erótica, comentarios de gente que pretende hacer clasificaciones entre el sexo normal y el que no lo es, y en lo que a juguetes eróticos se refiere, entre el sexo natural y el artificial. Es algo que me da risa, como si en el comportamiento humano quedara algo de naturalidad. Los que no quieren artificios deberían comenzar por quedarse como sus madres los trajeron al mundo y vivir en países donde no necesiten más que la propia piel.Por si queréis consultar el artículo, os dejo el enlace. Se titula Ellas también quieren jugar.

domingo 15 de julio de 2007

Va a ser que soy rarita


He tardado dos años en toparme con un post en el blog de una chica que responde al nombre internauta de Patch, sobre un artículo escrito por mí para la revista Woman, titulado Lesbiana por un día. Dice la chica que le gustó. Menos mal. Sin embargo, cito textualmente: “El problema es que en el artículo poco menos que eres un bicho raro si no te lo has montado con al menos una persona de tu mismo sexo en tu vida”.

Vaya por Dios. Una escribe obras como Lo que de verdad nos pone para normalizar las formas de vivir e imaginar la sexualidad de la gente, hombre, no para dar lugar a reacciones a la inversa. Coincidencias de la vida, también una mujer madura me comentó unos días antes de dar con el blog de Patch, que se había quedado pasmada al leer Dímelo al oído y comprobar cuantísimas féminas se excitaban imaginándose con otra mujer.

Bueeeeeno, pues no me queda otra que aclarar el asunto. Una no es rarita por tener determinadas fantasías, ni porque se ponga a mil con los uniformes de los oficiales nazis o con ser forzada por un gorila, ni tampoco es raro o rara quien no se excita con lo que imagina la mayoría. Nada en el sexo es “lo normal” o “lo raro”. Por eso me encantaría que los especialistas en la materia dejaran de usar términos como “parafilia”, que estigmatizan a personas que viven la sexualidad a su manera, aunque se escape de lo convencional.

domingo 17 de junio de 2007

Fantasía o pesadilla

¡Qué cosas tiene la mente humana!Durante más de tres años he recibido las respuestas de hombres y mujeres anónimos que contaban sus fantasías y también sus "actividades eróticas", y, salvo algunas vivencias traumáticas, la mayor parte de lo que contaban tenía un efecto más que positivo en la libido de quienes las leemos.

"¿Cómo estáis?", nos preguntó Andreu Buenafuente en su programa al saber que llevábamos tanto tiempo liadas con este estudio. "Pues muy bien", le dijimos. Y no mentimos. Cada cual puede hacer suyas las fantasías de otros, dejar que formen parten de su imaginario erótico, porque hemos bebido de las mismas fuentes culturales para elaborarlo, e identificarse es muy fácil.

Sin embargo, me he dado cuenta de que eso suele suceder cuando las personas que desvelan sus secretos íntimos son anónimas, de lo contrario tales confesiones pueden tener un efecto inhibidor. ¿No os ha pasado nunca? Una pareja de amigos, a quienes apreciáis, se dedican a explicaros lo que hicieron la otra noche, y la imagen de sus cuerpos jugueteando os deja la libido por los suelos. Entonces, aquello que podría unirse al repertorio de fantasías eróticas se queda, en realidad, en el cajón de las pesadillas.

sábado 26 de mayo de 2007

Madurar para renacer

Una semana después de que me invitaran al programa de Antena 3 Espejo Público, veo y escucho en el mismo espacio a otro entrevistado, Diego Armario López, periodista y autor de La segunda virginidad, quien recoge en esta obra conclusiones muy similares, por no decir idénticas a las obtenidas en Dímelo al oído y Lo que de verdad nos pone.

A pesar de su título, el libro de Diego Armario no se refiere a esa espantosa moda, que está haciendo furor en Estados Unidos, de dejar de pegar polvos con el novio meses y hasta un año antes de la boda, para vivir con más ganas la luna de miel. Por ahora, semejante estupidez no ha alcanzado a las parejas españolas, aunque me espero cualquier cosa.

No, su libro habla de esas mujeres que pasados los cuarenta, o incluso en torno a la menopausia, saben lo que quieren en la vida, o al menos, lo que no quieren. Mujeres que se han librado de tabúes y de una educación represora, cuyos hijos han crecido y han dejado de depender de los cuidados maternos, mujeres que conocen mejor su cuerpo, que han aprendido lo que de verdad les pone en la cama o fuera de ella. Muchas de ellas han roto con un marido que le cortaba las alas, un marido inseguro que necesitaba controlarlas.

De todo ello habla su libro, por lo que escuché en la entrevista. Ahora tengo que leerlo.